
He iniciado una vida lejos de lo que conocía de tí,
navegando por vertiginosos ríos de inseguridad
que me hacen sentir efímera y miníscula
ante un mundo esculpido que siempre ha estado aquí.
Es un viaje en el cual encuentro obstáculos desconocidos
que impiden que camine con calma y traquilidad
tú no estás para dirigir cada uno de mis pasos,
y el miedo se aposenta en el día y en la oscuridad.
Y te abandoné, soplé las velas de tu permanencia,
pulverizé el recuerdo de la felicidad
que tanto dolor me llegó a ocasionar.
Tengo los pies calzados de una dureza antinatural,
protegiéndome de las trampas de los cazadores
aunque siento como las rosas tambien tienen espinas
que marcan mi nueva realidad, pero no ceso en continuar.
Lejos de tí puedo comprender el daño enquistado en mi ser
y puedo elegir la apatía, el silencio la soledad,
aquella que tanto temía, recuerdas?
esta la que hoy recorforta y me autoconvence de seguir.
Y te abandoné tras lágrimas de sangre, tras corazones
rotos, tras la máscara de lo que ya sabía y
que tanto daño he sufrido por conservar.
Aún así observo lo que desconozco y me acerco,
sin temor a caer, aceptando perder lo ya conquistado
sabiendo que con una sonrisa en mis entrañas
podré romper en mil pedazos lo enclaustrado en el prohibido cerco.
Y río a carjadas porque fuí capaz de quemar tu recuerdo
de practicar el exorcismo que tu poder ejercía sobre mí,
el destino incierto es la motivación en esta vida sin tí
y vivir como una mortal más sin engañosos atuendos.
Y te lancé contra el viento y contra el mar
estrellando tu presencia contra un muro deshecho
contra el cual sádicamente me gustaba golpear.
El adiós nunca será pernenne, parte de lo queda de mí
pertenece a los años y años que pasé a tu lado, contigo y tus engaños
con la fusión del bien y el mal, de lo correcto para todos,
pero ahora, mi querida amiga, el mundo te espera y te acontece
a descrubir todo lo nuevo que existe en y para mí.

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