domingo 29 de noviembre de 2009

El Ocaso de un instante


En el presente puedo decir que tengo la vida que quiero tener. Sin duda alguna siempre se puede mejorar, pero he aprendido con los años y errores que buscar la perfección es tan sólo una ilusión hipnótica, que más que colaborar en ser o tener aquello que sólo acaba siendo un deseo, en la gran mayoría de las ocasiones me han hecho perder el tiempo, rumbo y camino que es vivir en sí, que a fin de cuentas de eso se trata.

En el presente puedo decir que tengo todo aquello que deseo. Todos desearíamos algo más siempre, es una constante inherente del ser humano, pero hablando en los rasgos y aspectos más importantes de mi vida puedo decir, que sí, tengo lo que deseo tener.

Y en el presente, en el que mis mayores premisas están cubiertas, de vez en cuando, cuando estoy a solas, me asola una extraña sensación, bueno está layna pero está dormida, por lo que toda mi atención se concentra en mí y en ese angustioso sentimiento.
Porque dirijo la mirada a mi alrededor, a la que es mi casa, que yo misma he decorado con magia y ganas, pienso que la comparto con mi amor, miro a la perra que es una bebé preciosa que está tumbada a mis pies y miro mis manos, miro mis cicatrices, el dibujo que estaba haciendo antes de enfrascarme en estas letras y por un periodo de tiempo no tengo la más remota idea de que hago aquí.
Es como si una parte de mi vida que recuerdo, y aunque no esté lejana en el tiempo, esa parte, esos años…. No sé cuantos, no sé el principio y el fin del abismo del que hablo, yo no hubiese estado ahí. Es un diminuto paso el que separa lo último que siento que viví con toda la intensidad y el presente. Es lo que tarda el sol en ponerse tras las montañas que puedo ver desde mi ventana.

Un parpadeo y estoy en casa de mi madre, hablando tanto de cosas importantes, como riendo y criticando a alguien que sale por la televisión. Mi hermano, mi pequeño hermano con una edad complicada entra sale de su cuarto enfrascado en sus conversaciones a través del Messenger. Pienso en que me pondré mañana para ir al trabajo y a la vez que voy al aseo me miro para comprobar que mi talla 32 sigue en su lugar.
Pero, vuelvo a abrir los ojos, tras ese parpadeo y nada de eso ocurre. Mi madre vive su vida, cerca pero lejos, sin compartir tertulia en el sofá, mi hermano sigue entrando y saliendo de su cuarto, pero es padre de un niño, y yo cada vez que voy al aseo lo único que miro es que todo esté organizado y como va creciendo mi cabello, sin tallas a las que responder y sin pensar que ponerme mañana.
El ocaso de unos instantes de mi vida presente. El movimiento de mis párpados y pestañas que hace mucho no maquillo, es a veces el momento más inestable del mundo aunque también me consuela sentir y ser consciente de la realidad. Del presente y su por qué. Sin duda alguna el que yo quiero y deseo.

Intentaré desarrollar con más exactitud todo lo que ocurre por mi mente en esos momentos confusos, pero siento oxido en mis dedos para plasmarlo ahora.

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